miércoles, 24 de julio de 2013

Noticia comentada: "Toni Cantó arma otro revuelo en Twitter al burlarse de la pronunciación de Rajoy"

Otra vez que el señor diputado Antonio Cantó García del Moral escribe algo polémico en Twitter. En concreto el tuit ha sido: "No queríaish comparecencia? Pues osh la voy a poner el uno de agoshto, a ver como osh lo montáish con vuestrash familiash #GraciasMariano". Y otra vez una ciudadanía hipócrita que se rasga las vestiduras, se escandaliza e incluso pide su cabeza por algo que es una soberana chorrada.

Vayamos por partes. Primero, el defecto existe, y es parece intolerable que un presidente del gobierno no tenga una buena dicción. No debería poder optar a ese puesto alguien así, o al menos debería comprometerse a corregirlo inmediatamente. No es sólo que no sepa hablar ningún idioma extranjero, es que es incluso incapaz de pronunciar bien las letras del suyo. Y el rey tres cuartos de lo mismo. ¿Alguien ha visto El Discurso del Rey? En otros países consideran por decencia que en ciertos puestos no se pueden tener esos defectos, y se ponen todos los medios para corregirlo. Aquí no, a lo cutre, como siempre. Por cierto, que el propio Cantó tampoco se libra del todo: el "como" del tuit debería ser "cómo". También se les debería exigir buena expresión escrita, además de oral. Eso ya da una idea del nivel de los representantes de este paisucho: si esos son los líderes, cómo (otra vez con tilde) serán los subordinados...

Segundo, quien más quien menos ha imitado a Rajoy o a Juan Carlos recalcando precisamente esos defectos. ¿Qué pasa, que por ser diputado ya no puedes hacer nunca un chiste o una gracia? Máxime cuando no estás en un pleno, sino usando tu ordenador o tu teléfono. Puede argumentarse que es poco decoroso o, si nos ponemos muy remilgados, incluso de mal gusto para una personalidad así, pero desde luego no se puede denunciar nada más, porque el defecto existe y no es algo que él se haya inventado. 

Tercero, en el Congreso se han oído cosas muchísimo peores: como ejemplo bastante reciente el "que se jodan" de la hija de puta de Andreíta Fabra, la señora del hijo de puta de Juan José Güemes, y ahí sigue, tan campante. Por tanto, que salgan los políticos en tromba y gente que habrá imitado mil veces a Rajoy con sus eSHeSH a recriminarle esto a Cantó es absolutamente hipócrita.


Cuarto, esto no es un asunto nada importante. Nada de esto tiene la menor trascendencia, ni va a cambiar en nada la situación lamentable de este país. Como es costumbre, la gente le da una importancia desmedida a algo que no la tiene y que no les afecta lo más mínimo. O bien se deja llevar por los que usan este tipo de historias sensacionalistas para desviar a propósito la atención de temas incomparablemente más importantes: historias como los cotilleos de la prensa del corazón, los juicios a personajes como José Bretón, las hazañas deportivas de multimillonarios que eluden el pago de los impuestos correspondientes a los millones que ganan, etcétera, etcétera.

Y quinto, antes de que al señor Cantó se le puedan exigir disculpas y retractaciones, hay literalmente cientos de asuntos por los que sus compañeros diputados tendrían no sólo que pedir disculpas, sino haber dimitido hace mucho tiempo, y en muchos casos también estar entre rejas de noche, y cavando zanjas de sol a sol de día. Sólo por mencionar algunos:
  • Toda la cúpula del PP actual, así como la anterior, debería estar encarcelada por financiación ilegal, cohecho y cobro de sobresueldos.
  • Todo el resto del PP debería pedir disculpas (y dimitir o corregir estos desmanes) por haber votado en bloque a favor de una Ley del Suelo que supuso el germen de la burbuja inmobiliaria, por estar privatizando descaradamente la gestión de los hospitales, por haber subido y seguir subiendo impuestos (valga la redundancia) a las clases medias y bajas mientras que para las altas hay amnistías fiscales, por haber rescatado a los bancos privados con dinero público y convertido deuda privada en pública totalmente impagable, etcétera, etcétera.
  • Todo el PSOE debería pedir disculpas (y dimitir los que estuvieran en los gobiernos de Zapatero) por haber seguido alimentando la burbuja inmobiliaria, por haber continuado bailándoles el agua a las eléctricas con el asunto del déficit tarifario y la gestión de la energía a cambio de sinecuras en ellas, por no haber cambiado el régimen fiscal escandaloso e injusto de este país, por no haber modificado la Ley Electoral, por haber construido AVEs y otras infraestructuras inútiles, etcétera, etcétera.
  • Toda IU debería pedir disculpas por haber formado parte (junto con casi todo el resto de partidos, así como los sindicatos) del consejo de administración de Bankia.
  • Toda CIU debería pedir disculpas (y en el caso de Cara-Durán estar en la cárcel) por la financiación ilegal más que probada en el caso Pallerols, y por haber adoctrinado y seguir adoctrinando de una manera descarada a los habitantes de Cataluña en un nacionalismo excluyente.

Así que no os preocupéis por lo que diga o deje de decir Cantó, no hagáis caso a los que utilizan estas historias para desviar la atención, y sobre todo exigid las condenas, dimisiones y disculpas de quien realmente las merece. Que parecéis críos de 5 años, hoSHtiaSH.

lunes, 22 de julio de 2013

Wert, las becas y la universidad

Va ya para varios días que se debate sobre la exigencia que ha planteado el Ministro de Educación José Ignacio Wert de que los alumnos universitarios becados tengan que obtener una calificación de al menos un 6,5 para que puedan seguir disfrutando de dichas becas. Al final parece que este 6,5 se va a quedar en un 5,5, pero mientras esa nota sea mayor que el 5 la polémica está servida.

¿Por qué? Pues porque la izquierda en bloque ha venido a decir lo siguiente (con mucho rasgamiento de vestiduras, como es habitual en ellos en temas de enseñanza): "no es justo que a los alumnos becados, que son los que tienen menos recursos, se les exija algo que no se les exige a los alumnos ricos, a los que les vale con un 5". Bien, este argumento tiene parte de verdad, pero también es en parte tramposo (me explico más abajo). Pero también adelanto que esto no significa tampoco que yo esté de acuerdo con Wert, porque como de costumbre ni los de un lado ni los de otro tienen razón, sino que la virtud está en un punto medio, y en conocer un poquito la realidad universitaria.

Expliquémonos. Lo primero es que el argumento expuesto arriba sería irreprochable si los beneficiarios de las becas fueran siempre los alumnos más pobres. Pero esto sencillamente no es cierto. Hay muchos tipos de becas: algunas sí que van más bien destinadas a gente de poca renta, pero otras no. Por ejemplo, hay becas para discapacitados y para miembros de familia numerosa. Y eso no tiene nada que ver con la renta: se puede ser tan tullido en una familia con dinero como en una familia pobre, al igual que una familia numerosa puede ser pobre o rica (¿qué hay de las familias del Opus con tropecientos hijos?). Y aparte de eso, hay becas que premian precisamente el rendimiento académico excepcional, como las llamadas "becas de excelencia". A nivel de posgrado (y esto lo conozco bien porque fui beneficiario de una de ellas), la mayoría de las becas se conceden condicionadas a los resultados que obtengas: cada año tienes que escribir un informe explicando cómo la has aprovechado, y sólo te la renuevan si tu rendimiento ha sido suficiente.

Ésta es la realidad y, por definición, estas becas que premian el rendimiento académico tienen que exigir una calificación o rendimiento mínimos, porque de lo contrario pierden su razón de ser (por cierto, que el rendimiento académico tampoco tiene nada que ver con la renta propia o familiar). Es más, supongamos que una beca de las destinadas a pobres o segmentos de población teóricamente desfavorecidos tiene la misma cuantía que una de excelencia. El beneficiario de la de excelencia podría utilizar el argumento de antes: "¿por qué a mí se me exige sacar una nota mínima y a éste no, simplemente porque él tiene más hermanos que yo?" Y tendría toda la razón del mundo.

El problema es que estamos juntando churras con merinas, y que estamos partiendo de un sistema perverso y desvirtuado, en el que todo dios accede a la universidad. Como es normal, si los cimientos están mal construidos, todo lo que se construya por encima lo estará también.

Por tanto, habría que cambiar de raíz la universidad, para que sea lo que su propio nombre indica que es: una institución de enseñanza superior. Recalco lo de "superior" porque esto, por definición también, implica que no debe ser para todo el mundo, sino para un segmento de población bastante pequeño. Como ya dije en su día sobre los exámenes de Selectividad, tienen el nombre mal puesto, sino que son de Permisividad, porque los aprueba más del 90% todos los años, lo cual es un sinsentido.

Entonces es cuando los progres vuelven a rasgarse las vestiduras y a tacharme de clasista. Pues no, no es clasismo, es meritocracia. La universidad no es un derecho: la educación básica obligatoria sí, y ese derecho se termina cuando se termina la ESO. Dado que no es ni un derecho ni una obligación, a la universidad se supone que va exclusivamente la gente que quiere ir, no cualquier hijo de vecino. Y si el número de personas que quieren ir es superior al de plazas ofertadas, pues habrá que hacer una criba, tanto más estricta cuanto mayor sea la diferencia entre oferta y demanda.

Ahora bien, esta criba tiene que ser exactamente la misma para todos. Clasismo e injusticia sería si hubiera algún favoritismo por motivos de renta (y aquí está el tema de las universidades privadas frente a las públicas), de procedencia (y aquí el de que la Selectividad es distinta según la comunidad autónoma, cosa por cierto de la que nadie se queja aunque atente contra la igualdad), de creencias, de sexo o de cualquier otro criterio arbitrario.

Un examen idéntico para toda la población española, realizado a la misma hora en todas las regiones, al que se pueda presentar cualquier persona, y que sirva de acceso tanto a las universidades públicas como privadas. Ésa tendría que ser la criba, y en eso consiste la igualdad de oportunidades, cosa que la inmensa mayoría de gente que se identifica como de izquierdas no entiende: igualdad de oportunidades quiere decir que dadas dos personas cualesquiera, éstas reciban exactamente el mismo trato, sin distingos. Igualdad de oportunidades no quiere decir que se tenga que admitir a todo el mundo, sino que la prueba de acceso sea la misma para todo el mundo, y que todo el mundo se pueda presentar a ella si así lo desea.

Pero claro, para poner esta criba sensata, primero hay que reducir la oferta. Tenemos más universidades de las que hace falta, y sobre todo muchísimas más carreras de las que son necesarias. Ay amigo, pero entonces nos topamos con todos los intereses creados: casi cada provincia tiene que tener su universidad por las mafias del Estado de las Autonomías, para poder enchufar a los amiguetes, para poder tener a los jóvenes estabulados durante unos cuantos años y que así no engrosen el paro, para que parezca que éste es un país serio en el que hace falta gente con grandes conocimientos en lugar de camareros, albañiles y socorristas, para poder decir luego que ésta es "la generación mejor preparada de la historia". Ah, y que casi cualquier cosa es ahora una carrera (cocina, homeopatía, formación del profesorado...) porque de nuevo se entiende mal lo que significa la igualdad.

Si se redujera drásticamente el número de carreras ofertadas (volver a los orígenes, a que en una universidad se enseñen únicamente Ciencias Sociales, Ciencias Naturales e Ingenierías), si los oficios (maestro, enfermero, guía turístico, pintor, músico, ...) volvieran a escuelas creadas al efecto fuera de los campus, si cada región se especializara en carreras que se estudian de forma más natural en su territorio (por ejemplo Navales en Cartagena, Montes en Soria, Historia en Mérida) y así se favoreciera la movilidad interna, yo francamente opino que todo funcionaría mucho mejor.

No es menosprecio por todos esos oficios. Son necesarios para que el país funcione, y el hecho de dedicarse a ellos debería permitirte una vida digna. Si así fuera, no se vería como un drama para segundones que no pueden acceder a la sacrosanta universidad. Visión ésta por cierto sesgada y tradicional en España, pero que no se corresponde con la realidad: es cierto que todavía los universitarios tienen menos paro que los no universitarios, pero tener una carrera cada vez es menos garantía de calidad de vida (lógicamente, porque si todo el mundo tiene una...), y además sin tener una carrera puede vivirse muy bien, mejor que muchos universitarios (de asesor político, por ejemplo, como bien sabemos por Carromero).

El caso es que hay una realidad innegable: para hacer una casa hace falta un arquitecto, pero con un único albañil no vale, sino que necesitas una cuadrilla. Por tanto, por cada arquitecto tiene que haber unos 10 albañiles, así que la jerarquización es inevitable. Lo mismo se puede decir de las enfermeras y los cirujanos, y cientos de ejemplos más. Sí, es un sistema piramidal, pero es el único posible. Y lógicamente quien se dedique a cosas en la cúspide de la pirámide lo normal es que viva más desahogadamente que otros de niveles inferiores, pero si las oportunidades de acceder a la cúspide de la pirámide son las mismas, eso no es injusto. Injusto es si esas oportunidades no son las mismas para todos, que es lo que no me canso de repetir, a ver si entra en la mollera.

Tras esta digresión, es hora de volver al tema de las becas, que es por lo que habíamos empezado.

Con un sistema universitario reducido para seleccionar a los mejores, las becas que exigen un determinado rendimiento académico serían básicamente innecesarias: los estudiantes ya serían excelentes desde el principio, y además las matrículas serían mucho más baratas, puesto que las universidades serían menos y más pequeñas, con lo cual su coste se reduciría drásticamente. Podrían seguir existiendo algunas ayudas destinadas a la compra de material o por tener que cambiar de residencia, pero poco más.

Así se evitaría toda esta polémica, y de paso se atajaría uno de los principales problemas de este país, el educativo. Otro asunto más en el que se ve de manera flagrante cómo la derecha y la izquierda se equivocan ambas, desde sus empecinados ideales: la derecha trata de fomentar la desigualdad favoreciendo descaradamente a la gente acomodada e importándole un pimiento que la educación sea pública, equitativa y barata, mientras que la izquierda trata de igualar a todos en la mediocridad, promoviendo una universidad desmesurada que derrocha dinero público a espuertas, e importándole un pimiento que la educación sea exigente y de calidad. Y así nos va.

sábado, 15 de junio de 2013

Mi propuesta para mejorar el reparto de escaños

Entre los innumerables cambios que necesita este país, sin duda uno de los más importantes consiste en cambiar la Ley Electoral para que se consiga una representación lo más proporcional posible. Mientras el sistema de reparto diste de ser proporcional, se está vulnerando el principio básico de la democracia, que es el de que el voto de todo individuo tiene que valer lo mismo.

Por supuesto que no soy el primero ni seré el último en sugerir cambios para conseguir este objetivo. Como se resume en esta noticia, se ha hablado por ejemplo de pasar de 350 a 400 diputados, de cambiar la circunscripción de las provincias a las autonomías, de sustituir la fórmula D'Hondt por otras (Hare, Sainte-Laguë...), de que las listas sean abiertas o "cremallera" en lugar de cerradas... Incluso se encargó hace unos años al Consejo de Estado que elaborara un estudio al respecto (puede consultarse aquí), aunque el sistema que llegó a proponer dista bastante de ser justo, como se discute en este otro enlace.

Sin embargo, creo que todas estas propuestas parten de un supuesto que hace imposible una asignación completamente equitativa. Este supuesto es el de que a la hora de decidir si se aprueba una ley, el voto de cualquier diputado tiene que valer lo mismo que el de cualquier otro. El de los que les votamos sí tiene que valer lo mismo, pero el de ellos una vez que están elegidos ya no. Más abajo explicaré la causa.

A ninguno se nos escapa que si queremos aproximarnos a un reparto justo, la circunscripción no tiene que ser ni provincial ni autonómica, sino nacional. Es decir, que no haya diputados por Cádiz o Valladolid, sino que lo sean por España y todos igual. Aparte de que con la actual circunscripción provincial se producen injusticias como que conseguir un escaño en Madrid requiere de muchísimos más votos que uno en Soria, con el Estado de las Autonomías que tenemos ahora es totalmente anacrónico que los diputados "representen" a sus respectivas provincias. Esto tuvo sentido en su momento, cuando no había gobiernos autonómicos y sí que se debatían asuntos locales en el Congreso, pero ahora ya no. ¿Alguien ha visto alguna vez a algún diputado -no nacionalista ni regionalista, sino de partidos nacionales- ponerse a defender los intereses de las provincias a las que supuestamente representan? ¿A que no? Pues eso.

Obviamente, estos desequilibrios provinciales podrían minimizarse haciendo que el número de diputados se correspondiera con la población de cada provincia. Pero claro, eso supondría que si Soria tiene que tener 1 diputado (población de Soria en 2009 = 95223 habitantes), en Madrid tendría que haber unos 68 (población en Madrid en 2011 = 6489680 habitantes, 6489680/95223 = 68.15). Compárese eso con que ahora mismo a Soria le corresponden 2 y a Madrid 36. En resumen, tendríamos que tener muchos más diputados de los que tenemos, y ahora mismo la gente no está precisamente por la labor de pagar a más políticos que viven muy bien...

Pero incluso con una circunscripción única en la que se contaran los votos de todo el país y se dividieran de forma proporcional entre los 350 diputados, habría que aplicar redondeos (puesto que es complicado que el número de votos emitido sea divisible de manera exacta entre 350). Y aquí es donde entran los famosos métodos D'Hondt, Sainte-Laguë, etcétera, que intentan que a un redondeo a favor de un determinado partido le sigan redondeos a favor del resto de partidos. Ninguno de estos métodos es perfecto, aunque si sustituyéramos el D'Hondt por el llamado cociente Droop, el resultado sería más justo (puede consultarse el reparto que habría correspondido a las elecciones de 2008 aquí, donde se ve que el PSOE y el PP con el D'Hondt siguen estando sobrerrepresentados a costa de los pequeños, mientras que el Droop es más equitativo, aunque tampoco perfecto). De todas formas, esto tampoco resuelve otros problemas, como qué se hace con los votos nulos, los votos en blanco y las abstenciones, o cuál tiene que ser el porcentaje mínimo de votos sobre el total para que un partido obtenga representación.

Y aquí vuelvo al quid de la cuestión. ¿Qué pasa si eliminamos el supuesto de que el voto de los distintos diputados tiene que valer lo mismo? Pues que se simplifican las cosas, ya que entonces podemos compensar las imperfecciones de la fórmula que utilicemos. Es sencillo: una vez que se ha hecho el reparto entre los distintos partidos, dividimos el número de votos de cada partido entre el número de escaños que le han correspondido en el reparto, con lo que obtenemos el número de votos que le han sido necesarios a ese partido para obtener cada uno de sus escaños. Hacemos lo mismo para todos los partidos, y vemos a cuál le ha costado más votos obtener un escaño. Los votos de los diputados de ese partido evidentemente tienen que valer más que los del resto. ¿Cuánto más? Pues en proporción a la diferencia de votos necesarios para ese partido y los demás.

Supongamos que seguimos con el discutido método D'Hondt, pero con circunscripción nacional. Con los resultados de las elecciones de 2008 del último enlace, obtendríamos lo siguiente (redondeando a 3 decimales):


  • PSOE: 11026153 votos (42.59%), 157 escaños, número de votos necesario por escaño 11026153/157 = 70230.274
  • PP: 9763144 votos (37.71%), 139 escaños, número de votos necesario por escaño 9763144/139 = 70238.446.
  • IU: 1284081 votos (4.96%), 18 escaños, número de votos necesario por escaño 1284081/18 = 71337.833
  • CIU: 835471 votos (3.23%), 11 escaños, número de votos necesario por escaño 835471/11 = 75951.909
  • ERC: 652196 votos (2.52%), 9 escaños, número de votos necesario por escaño 652196/9 = 72466.222
  • EAJ-PNV: 420980 votos (1.63%), 6 escaños, número de votos necesario por escaño 420980/6 = 70163.333
  • CC: 235221 votos (0.91%), 3 escaños, número de votos necesario por escaño 235221/3 = 78407.000
  • BNG: 208688 votos (0.81%), 2 escaños, número de votos necesario por escaño 208688/2 = 104344.000
  • PA: 181868 votos (0.70%), 2 escaños, número de votos necesario por escaño 181868/2 = 90934.000
  • CHA: 94252 votos (0.36%), 1 escaño, número de votos necesario por escaño 94252/1 = 94252.000
  • EA: 80905 votos (0.31%), 1 escaño, número de votos necesario por escaño 80905/1 = 80905.000
  • NA-BAI: 61045 votos (0.24%), 1 escaño, número de votos necesario por escaño 61045/1 = 61045.000


Es decir, que al BNG es al partido al que conseguir un escaño le supone más votos, y por tanto los votos de sus diputados tendrían que pesar más que los del resto. Suponiendo que le damos peso 1 a sus votos, tendríamos entonces (con 6 decimales):


  • PSOE: 70230.274/104344.000 = 0.673065
  • PP: 70238.446/104344.000 = 0.673143
  • IU: 71337.883/104344.000 = 0.683680
  • CIU: 75951.909/104344.000 = 0.727899
  • ERC: 72466.222/104344.000 = 0.694493
  • EAJ-PNV: 70163.333/104344.000 = 0.672423
  • CC: 78407.000/104344.000 = 0.751428
  • BNG: 104344.000/104344.000 = 1.000000
  • PA: 90934.000/104344.000 = 0.871483
  • CHA: 94252.000/104344.000 = 0.903281
  • EA: 80905.000/104344.000 = 0.775368
  • NA-BAI: 61045.000/104344.000 = 0.585036


El último paso es hacer la suma de todos estos pesos ponderada por el número de escaños obtenidos por cada partido, y dividir los pesos por dicha suma, para que la suma total sea 1 y que esté así normalizado el resultado.

La suma en cuestión es:

0.673065*157 + 0.673143*139 + 0.683680*18 + 0.727899*11 + 0.694493*9 + 0.672423*6 + 0.751428*3 + 1.000000*2 + 0.871483*2 + 0.903281*1 + 0.775368*1 + 0.585036*1 = 238.097121

Y por tanto los pesos normalizados son:


  • PSOE: 0.673065/238.097121= 0.002827
  • PP: 0.673143/238.097121=  0.002827
  • IU: 0.683680/238.097121= 0.002871
  • CIU: 0.727899/238.097121= 0.003057
  • ERC: 0.694493/238.097121= 0.002917
  • EAJ-PNV: 0.672423/238.097121= 0.002824
  • CC: 0.751428/238.097121= 0.003156
  • BNG: 1.000000/238.097121= 0.004200
  • PA: 0.871483/238.097121= 0.003660
  • CHA: 0.903281/238.097121= 0.003794
  • EA: 0.775368/238.097121= 0.003257
  • NA-BAI: 0.585036/238.097121= 0.002457


Compárense estos pesos con los correspondientes a un hipotético reparto perfecto de escaños, donde el peso del voto de cada diputado sería el mismo (exactamente de 1/350 = 0.002857). Son bastante distintos, porque hay que compensar las imperfecciones de la fórmula D'Hondt. 

Pero el caso es que hemos conseguido eliminar el sesgo de este método de una manera muy simple, puesto que el peso del voto de cada diputado es directamente proporcional al número de votos necesarios para que ese diputado haya sido elegido. No sólo eso, sino que podemos aplicar este procedimiento a cualquier fórmula de reparto de escaños (D'Hondt o cualquier otra), haciendo que cuál utilicemos sea bastante indiferente. Cuanta más imperfecta sea dicha fórmula, más distintos serán los pesos finales, pero en cualquier caso compensarán las imperfecciones en las que se haya incurrido.

Sin embargo, con esto no hemos terminado. Dejo para otro día la consideración de qué hacer con el tema de los cupos mínimos, los votos en blanco, los nulos y la gente que no vota, porque para eso antes hay que explicar cómo habría que cambiar el sistema de votos en el Congreso. Evidentemente, como con esta idea los votos de los diputados no valdrían lo mismo, a la hora de ver si se aprueba una ley no bastaría con contar simplemente los votos a favor, los votos en contra y las abstenciones. Pero quien sea espabilado seguro que ve por dónde van los tiros...

jueves, 25 de octubre de 2012

El dopaje en el deporte

Hace unos días se confirmó lo que yo desde hace muchos años venía denunciando: que Lance Armstrong se dopaba día sí y día también. Recuerdo la indignación de la gente cuando el tramposo estaba en su época de apogeo ganando sus 7 Tours consecutivos, y yo les argumentaba que aquello era manifiestamente imposible.

Motivos no me faltaban: que nadie puede ser mejor después de un cáncer que antes de padecerlo, que Armstrong había sido un corredor potente y rodador bueno para las clásicas, pero no un escalador ni tampoco un gran contrarrelojista, que ganaba con demasiada facilidad y en todas las especialidades...

Pues nada, la gente completamente obnubilada: que si yo era un incrédulo, que siempre pensaba mal de los demás, que qué sabía yo de ciclismo (cuando había visto todas las grandes vueltas desde 1990), que era incapaz de asumir que un deportista podía ser manifiestamente superior, y demás zarandajas. Sólo recuerdo a una persona que estaba de acuerdo conmigo. Hale, pues con su pan se lo coman. Bien calladitos que están ahora.

Dada la repercusión de la noticia, es el momento adecuado para hablar del tema del dopaje deportivo en general, a ver si esta vez alguien me hace un poquito más de caso. De hecho, y aunque también se me acusará ahora de antiespañol, aprovecho para airear otras de mis sospechas:

  1. Existen al menos 3 deportes en los que el dopaje es masivo, por no decir absoluto: ciclismo, atletismo y natación. Hay otros, como el fútbol, el baloncesto o el tenis, donde me parece que no es tan masivo, pero sí considerable.
  2. De las actuales figuras deportivas, opino que entre otros se dopan Usain Bolt, David Rudisha, Rafael Nadal, Novak Djokovic, Alberto Contador o los jugadores de la NBA (donde sólo tienen que pasar un control, y siempre en octubre). De los ya retirados, pongo en el punto de mira por ejemplo a Miguel Induráin y Michael Phelps.
  3. El creciente número de casos de muertes repentinas en el deporte están directamente relacionadas con las drogas, ya sea por dopaje o porque las toman en distintas juergas.

Paso a justificar un poco estos 3 puntos:
  1. Elijo esos 3 deportes porque son con diferencia en los que cada año se baten más récords mundiales (basta recordar algunos de los últimos mundiales de natación), algo manifiestamente imposible si se jugara limpio. ¿Por qué? Pues muy sencillo: porque una vez que el deporte se profesionaliza, todos los deportistas de élite están cuidadosamente elegidos y entrenados en exclusiva para ella, con lo cual el hecho de batir un récord sería algo excepcional, y no algo que suceda cada año (y conforme van pasando los años, debería ser cada vez más excepcional). Los materiales no han mejorado tanto en los últimos años como para justificar esa mejora de las marcas, así que tampoco sirven de explicación. Y además de eso, está el tremendo número de precedentes: me vienen a la cabeza gente como Marion Jones, Maurice Greene, Justin Gatlin, Ekatherini Thanou, Richard Virenque y todo el equipo Festina, Marco Pantani, Joseba Beloki, Jan Ullrich y toda la Operación Puerto...
  2. Este punto es consecuencia del anterior: todo aquel que bata récords de forma inusitada y además con un margen tremendo (Bolt, Rudisha, Phelps), que tenga una musculatura desproporcionada o nunca vista antes en ese deporte (Nadal, los de la NBA), que de repente empiece a ganar todo y de forma abrumadora (Armstrong, Djokovic el año pasado), o que corra o aguante físicamente demasiado dada su complexión (Induráin) tiene casi todas las papeletas para ir hasta las trancas.
  3. Esto también está relacionado con el punto 2. La clave es que cuando un suceso se sale demasiado de la tendencia habitual, algo sucede. Pasan décadas sin haber prácticamente ninguna muerte en un campo de fútbol, y de repente empiezan a caer como moscas (Puerta, Jarque, Foe...), gente joven y supuestamente en muy buena forma física, y la justificación para ello es que tienen malformaciones cardíacas que curiosamente nunca se habían detectado antes, cuando ahora tienen a médicos especializados a su disposición, dietas personalizadas, monitorización mucho más frecuente que hace años... Pues no cuela, señores.
Podría extenderme más, pero me parece que es algo tan obvio que no debería admitir discusión. Lanzados ya los dardos, intentemos ahora ser un poco más constructivos y analizar por qué sucede esto y cómo se podría solucionar.

Sobre las causas, creo que las fundamentales son 2:
  1. La cantidad de dinero en juego. Cuando el premio es muy suculento y hay muchos intereses creados, las trampas afloran como setas. Cuando el Tour de Francia era una carrera para unos pocos desconocidos que se dedicaban a la bici como afición, aquello era puramente vocacional; ahora que es una carrera que mueve millones cada año y que sólo la corren ciclistas entrenados exclusivamente para ello, pasa a ser un negocio y no una afición. Y ya sabemos cómo es el mundo de los negocios, donde la honradez se deja de lado porque lo que importa son los resultados y las ganancias.
  2. La necesidad de espectáculo continuo. Gran parte del dinero que se mueve en el deporte viene de los medios de comunicación, especialmente de la televisión. A cambio de los derechos televisivos, el organizador del evento deportivo cobra un pastón. Pero claro, a su vez los directivos de las cadenas esperan que estén delante de la televisión millones de personas, incluso aquellas a las que ese deporte no les llama la atención especialmente. Y esto no es posible si cada año no se da algún aliciente: que se batan récords mundiales, que se vaya cada vez más rápido, que se tire cada vez más fuerte, que las pruebas sean cada vez más duras... El deporte se ha convertido en un circo, y el que haga el más difícil todavía es el que se lleva el gato al agua.
¿Cómo se soluciona este asunto entonces? Pues sólo veo 2 posibles salidas:
  1. Volver a los orígenes y que el deporte moviera menos dinero y no fuera tan espectáculo de masas. Esto es muy utópico, pero me parece totalmente irreal porque ya hay demasiados intereses creados. De hecho, la posibilidad de que pillen a alguien dopándose y lo expulsen parece que se ha integrado ya como parte del show...
  2. Ser pragmático, dejarse de matar moscas a cañonazos y admitir abiertamente el dopaje, y que quienquiera que esté viendo un deporte sepa que allí todo el mundo puede ir hasta arriba. A pesar de lo que pudiera parecer, no creo que esto repercutiera demasiado en las audiencias (sin ir más lejos, en Estados Unidos siguen viendo la NBA y el béisbol como si nada), y además se ahorraría todo el dinero de los controles antidopaje.
Dicho sea de paso, ésta es también mi opinión sobre las drogas en general. Debería legalizarse su consumo en todo el mundo, y así de un plumazo nos ahorraríamos todo el dinero de la lucha contra el narcotráfico, y todas esas bandas que se hacen de oro se tendrían que dedicar a otra cosa. Pero de esto hablaremos más en detalle otro día.


domingo, 29 de julio de 2012

Hispanistán

Ese patriotismo con los deportes,
esa Cibeles harta de los saraos,
esa obsesión por tantos recortes,
esas viejas duquesas consortes
de nupcias sobre tablaos.

Esos toreros que se creen Ayrton Senna,
ese "a ver qué mal dato nos cuentan hoy",
esos jueces que no emiten condena,
ese "votar no vale la pena,
yo me quedo como estoy".

Esa prima de riesgo que descalabra,
esa pura y dura especulación,
esos Camps, Griñanes, Matas y Fabras,
ese no cumplir con la palabra
en esta patria de corrupción.

Ese congreso lleno de imputados,
esos recursos al Constitucional,
esa dictadura de los mercados,
esos cámpings de indignados
que siempre terminan mal.

Ese estado de las autonomías,
esas embajadas en ultramar,
esos desmanes de nuestra monarquía,
esa gente que no sabía
lo que tenía que pasar.

Ese país, Hispanistán,
donde no importa el qué dirán,
en que mientras que puedas
con todo te quedas
de choriceo.
Aquí sólo triunfa el truchimán
y quien estudia es ganapán,
no resulta entonces oscuro
por qué el futuro
pinta tan feo.


Ese alza interminable del paro,
ese "pronto vamos a mejorar",
esa soberbia rayana en el descaro,
ese horrible desamparo
de quien ya no tiene hogar.

Esas casas pegadas a la costa,
esos vertidos gracias a Bolidén,
esos bosques incendiados aposta,
esas cenas con langosta
cuando el país "iba bien".

Esos mineros en pleno pie de guerra,
esos ninis que piensan sólo en salir,
esa recalificación de la tierra,
esa gente tan gamberra,
expertos en destruir.

Esas fiestas repletas de alcoholismo,
esos nombramientos en TVE,
ese tradicional enchufismo,
ese irritante pasotismo,
un continuo paripé.

Ese retroceso con el aborto,
esa sensación de no poder más,
ese maldecir "ya no lo soporto",
ese contemplar absorto
cómo vamos hacia atrás.


Ese país, Hispanistán,
donde no importa el qué dirán,
si te dedicas al fraude
el pueblo te aplaude
pues eres listo.
A quien se envidia es a Díaz-Ferrán
y a quien se escucha al charlatán,
mientras alguien decente
piensa impotente
"¿cómo resisto?".


Ese país, Hispanistán,
donde se enardece al gañán,
en el que no ponen peros
a burrear dineros
que sean ajenos.
Que sepas que si me sale el plan,
cosa que anhelo con afán,
veré tu desplomarte
lejos, sin echarte
nada de menos.





















domingo, 15 de julio de 2012

Summa cum fraude

(¡Qué brillante expediente,
qué hacha en C++!).
- ¡Eh, espera, detente!
¿Adónde crees que vas?

- A ganarme la vida
en el mundo real,
a buscarme una salida
de corte empresarial.

- Si eso es lo que quieres
no te puedo parar,
¿pero tú no prefieres
ponerte a investigar?

- Pues no estoy muy seguro
de querer ser doctor,
no veo claro el futuro
y en España aún peor.

- Eso a todos nos pasa,
más de lo que te crees.
¿Qué te dicen en casa,
te causan mucho estrés?

- Que haga lo que me guste,
no me meten presión,
que piense y no me asuste
esta gran decisión.

- Estar sin referencia
es difícil, la verdad,
pero unirte a la ciencia
te da tranquilidad.
Es como la carrera
sólo que a mayor nivel:
leer, darle a la sesera,
hacer cuentas en papel.

(¿Qué me cuenta este tío
hablando con tal fervor?
Yo aquí sigo hecho un lío,
no sé qué es lo mejor:
seguir la trayectoria
del mundo laboral,
o meterme en esta historia
tan intelectual.)

- No pienses que te insisto,
pero desde que te vi
dije "ese chaval tan listo
tiene que acabar aquí".
Alguien tan inteligente
sería un gran profesor,
además de un excelente,
sagaz investigador.

(¡Lo dice tan convencido
que va a tener razón!
Queda pues decidido
probar con esta opción.)
- Vale, pues solicito
un poco de información,
¿a quién leches me remito
en busca de financiación?

- En eso no hay misterio
y menos siendo tú,
pedimos al ministerio
una beca FPU.
Te unes a nuestro grupo
antes de la solicitud,
seguro quedará cupo
para alguien con tal virtud.

- Será mucho papeleo,
pero ya sabes cómo es.
¿Ahora qué libros me leo?
Dime cómo tú lo ves.

- De eso yo ya me encargo,
de encontrarte material,
créeme, es bastante largo,
pero tiene potencial.

Así el profesor le vendió el gran camelo
disfrazándolo de dulce caramelo,
aprovechando su aprensión y canguelo
relamiéndose en ofrecerle consuelo.
Así cayó en la red otro buen estudiante,
por no ser algo más echado p'alante
el pobre consagró su mente brillante
a algo que al final acabó con su aguante.


(Esto marcha, tengo beca,
no he hecho más que empezar,
y menuda biblioteca
nos acaban de estrenar!
¡Qué trabajo más bohemio,
qué gran oportunidad!
¡Cómo mola ser del gremio
de esta universidad!)

- Chavalín, ¿cómo va eso?
Algo se te debe ocurrir
porque ahora hay un congreso
al que tenemos que acudir.
¡Dale duro a la mollera
y verás qué felicidad
cuando veas que te espera
toda la comunidad!

(Él espera que trabaje
y eso es lo que voy a hacer.
Todo sea por el viaje,
comenzar a conocer.
Esperemos que funcione
esta pequeña extensión,
siempre que no me traicione
eso que llaman intuición.)

- ¡Bien! Si tenemos fortuna
con la organización,
de aquí que te sale una
primera publicación.
De hecho tú imagina
ampliarlo un poco más,
con eso ya la tesina
la tienes en un pispás.

Así el profesor le siguió motivando,
con sus años de experiencia al mando
sabía qué tenía que hacer y cuándo
y sin problema el máster se fue sacando.
En esto llegó la hora de irse de estancia,
el tirarse unos cuantos meses en Francia,
el continuar a base de constancia
para publicar en cualquier circunstancia.


- Tranquilo, tú no hagas caso
a este idiota revisor.
Esto no es ningún fracaso,
podría ser mucho peor.
Hay gente que va de lista
siempre te pone a parir,
con mandarlo a otra revista
suficiente y a vivir.

(Esto no lo imaginaba,
vamos de mal en peor.
El doctorado no se acaba,
¿qué hago? ¡Menudo horror!
Se me termina la beca
ésta no es mi vocación,
no consigo de la ANECA
ninguna acreditación).

- Calma, no te desesperes,
ya he visto esta situación.
Tú te la sacas si quieres,
la dichosa demostración.
Ahora se te hace eterno,
pero próximo está el fin,
para salir del infierno
da otra vuelta de magín.

(Supongamos que me sale,
que termino con honor,
pero eso sólo no vale
si quiero ser profesor.
Para darme algo de fama
debo irme de postdoc,
¡y ante este panorama
entro en estado de shock!)

Así el profesor le cavó sepultura,
al chico terminó de meter en cintura,
logró que el Día D estuviera a la altura,
leyó la tesis con aplomo y soltura.
Obtuvo el deseado summa cum laude,
regocijándose: "la gente me aplaude",
jurando para sí: "que no les defraude",
culminando así otro caso de fraude.


El éxito hizo que renovara el brío,
que se exiliara al norte, allá con el frío,
que en aquel alma donde hubo poderío
ahora quede ya sólo encono y hastío.
Viviendo solitario y falto de rumbo,
vagando por el mundo de tumbo en tumbo,
de beca en beca, de proyecto en proyecto,
para esto dio de sí aquel gran intelecto.

sábado, 12 de mayo de 2012

Summer is coming

Ya está aquí, y ha llegado para quedarse hasta octubre. Es uno más de estos veranos contemporáneos, que empiezan en mayo y duran medio año aproximadamente (el otro medio año se lo reparten un otoño y una primavera templados, con todo lo más un par de semanas de invierno entremedias).

Inexplicablemente la gente, en lugar de preocuparse por un cambio climático a todas luces alarmante, no cabe en sí de gozo ante lo que llama el "calorcito" (cuando en realidad a lo que se refiere es a un bochorno abrasador). El "calorcito" conlleva viajes a la "playita", lugar por el cual también se siente una fascinación colectiva digna de estudio.


Llevo años intentando comprender cuál es la gracia de la playa. Personalmente opino que durante unos pocos días está bien (siempre que no haga mucho calor, es decir, si no se va en verano), pero que al cabo de a lo sumo una semana pasa a ser un sitio increíblemente aburrido. Examinemos una típica jornada playera, que consta de las siguientes fases (sin detallar de momento qué sucede en la playa en sí) :

  • Mañana: levantarse tarde, desayunar, constatar que un día más hace mucho calor y que no hay nada interesante que hacer, decidir bajar a la playa y empezar a sudar bajo el sol.
  • Playa matutina: llegar a la playa perlado de sudor, comprobar que está toda repleta,  buscar un mínimo rincón en el que depositar las pertenencias, dirigirse hacia él quemándose los pies con la arena, dejar caer los bártulos, estar allí hasta que la gazuza apremie.
  • Periodo inter-playa: caminar hacia el apartamento bajo un sol todavía más abrasador que antes, llenar todo el suelo de arena, ducharse, sentir un mínimo fresco durante 5 minutos, empezar a sudar otra vez nada más secarse, preparar el almuerzo, acabar comiendo como muy pronto a las 3 de la tarde, recoger los restos, poner la tele, ver que la programación es incluso peor que durante el resto del año, suspirar, intentar dormir una siesta, conseguir únicamente sudar la almohada y las sábanas, esperar mirando el reloj repetidas veces a que el resto se despierte, resignarse a bajar otra vez a la playa.
  • Playa vespertina: repetir todo lo hecho durante la fase de playa matutina.
  • Noche: si se es joven y se va en grupo, repetir la parte de ducha y comida del periodo inter-playa, maquearse, hacer botellón, salir hasta las tantas, intentar pillar cacho, no conseguirlo, e irse a la cama en un estado deplorable. Si se va en familia, repetir la parte de ducha, bajar al paseo marítimo, dar un paseo, sentarse en una terraza a tomar un granizado o una horchata, volver al apartamento, cenar, leer o ver la basura de la tele, e irse a la cama en un estado no tan deplorable.


Y esto día tras día, sin cambiar el esquema un ápice, y de ahí el tedio que se incrementa según van pasando las jornadas. 

Si la estancia se alarga mucho, hay algunas ocasiones en que el resto de acompañantes también llegan a aburrirse (bastantes días después que tú, eso sí), momento en el cual se les aparece la virgen y proponen "ir a ver" alguna ciudad, pueblo o paraje de los alrededores. Por lo general, dado que se está en una zona que vive exclusivamente del turismo estival, estos lugares no son muy interesantes desde el punto de vista turístico, pero incluso así agradeces no tener que bajar otro día más a la playa. Eso sí, luego la visita indefectiblemente implica pasar una vez más mucho calor y sentarse a tomar algo en una terraza, así que lo que no es la playa tampoco es que cambie mucho.

Pero pasemos ahora a considerar qué se hace exactamente una vez en la playa. Ya has depositado tus bártulos en la arena ardiente, quedan unas 3 horas hasta la siguiente comida, y el sol aprieta de lo lindo. Mientras tú entras en fase de gabinete de crisis, ves asombrado que todo el mundo a tu alrededor saca ceremoniosamente sus potingues de sus bolsas, se acomoda sentado en sillas plegables o directamente tumbado en las toallas sobre la arena, se unge, y entra en estado de trance, cual lagartijas rebozándose en un muro de piedra.

A base de tomar el sol la gente resuelve en gran parte el problema de qué hacer durante todas esas horas (sobre la sorprendente "actividad" de dorarse con los rayos solares hablaré otro día más detenidamente), pero si esa opción no te convence, estás en una situación delicada. Tienes ante ti las siguientes opciones:

  • Intentar imitarles durante un rato. Durarás poco.
  • Meterte en el agua sin más pretensiones. Te da para media hora como mucho, puesto que además estás preocupado por tus pertenencias, ya que tus acompañantes continúan en estado de trance y no podrán evitar que algún espabilado robe algo.
  • Meterte en el agua para nadar. Suponiendo que no te intimiden cosas como los bancos de algas, las manchas de alquitrán, las bolsas de plástico, las medusas, los patines acuáticos y las motos de agua, puedes intentar llegar una vez más a la misma boya a la que has nadado y te llevas marcando como objetivo durante toda la semana. Llegas, vuelves a hacer la gilipollez de intentar subirte y saludar desde allí, te pegas el planchazo, te ríes solo y te vuelves. Si has conseguido dormir algo mejor de lo habitual y te sientes con ánimos y con ganas de innovar, puedes marcarte como objetivo una boya más lejana o incluso ir hacia algunas rocas o acantilados. Eso sí, los que dan pedales en los patines y los que montan ufanos en sus ruidosas motos acuáticas muy probablemente se marcarán esos mismos objetivos, con lo cual tendrás que sacar la cabeza cada pocas brazadas para no ser desfigurado por alguna hélice o rotor. Suponiendo que todo vaya bien, estás de vuelta tras una hora.
  • Probar a despertar a alguna lagartija en trance para jugar a las palas en la orilla o con el agua hasta las rodillas. Difícil, aunque no imposible de conseguir. Esto da para media hora más o menos.
  • Probar a despertar a todas las lagartijas de tu alrededor para jugar a algún deporte en equipo, tipo voleibol o fútbol playa. Más difícil todavía que lo anterior (por el producto de probabilidades), aunque con suerte esto puede dar para ocupar otra horita.
  • Dar un paseo por la orilla. Tiene el aliciente de intentar no chocar con todo el mundo que se te cruza perpendicularmente, mientras esquivas pelotazos de quienes sí han conseguido jugar a las palas. De todas formas no es muy cómodo, porque la maldita orilla está inclinada y cargas mucho más una pierna que la otra. Duración dependiente de la longitud de la playa.
  • Correr por la orilla. Lo mismo que lo anterior, pero con más opciones de choques, lesiones y de morir deshidratado. Además, ocupa menos tiempo que andando, puesto que vuelves más rápido al muro de las lagartijas, que no se habrán movido lo más mínimo de donde y como las dejaste.
  • Quedarte leyendo o haciendo sudokus, autodefinidos y sopas de letras. Para esto es vital que hayas llevado una sombrilla, si no quieres que la temperatura de la sesera alcance un nivel crítico. Incluso así, el viento puede incomodar la tarea (un viento que, curiosamente, te metes 50 metros arena adentro y ya no sopla), porque te mueve las páginas y te trae arena y sal de lo más ricas.


Si la estancia es particularmente larga (un mes, por ejemplo), incluso las más entusiastas lagartijas "se rayan", como se dice ahora, y necesitan hacer algo novedoso. Deciden entonces apuntarse a cursos de algo relacionado con el mar. Lo más típico es el buceo, el esquí acuático, las motitos de agua y el surf y sus variantes (que si body-surfing, que si wind-surfing, que si kite-surfing, que si su-puta-madre-surfing).



Incluso aunque recurras a este remedio, con eso sólo te quitas o la playa matutina o la vespertina, pero no ambas. Llega un punto al final en el que ya todo el mundo está "superrayado", y entonces es el momento de coger el coche de vuelta a la meseta, tragándote un atascazo de tres pares de narices. Así año tras año, y ya casi que puente tras puente, puesto que hace calor suficiente durante 6 meses al año.